Exposición Cultural

Didáctica e Interactiva

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La Mujer Gigante es una exposición cultural y didáctica, de carácter interactivo, que explica el funcionamiento del cuerpo humano.

   

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Desde 2006, primer año de su presencia en la Comunidad de Madrid, La Mujer Gigante ha sido uno de los recursos habituales para los colegios que organizan salidas de media mañana.

En su regreso a las ciudades cercanas a la capital, la instalación vuelve a abrirse a la visita del público en general. Tanto para particulares como estudiantes, se trata de una recomendable experiencia de contacto con el conocimiento del cuerpo humano, de una forma infaliblemente divertida para los más jóvenes de la casa.

No se trata de una atracción de feria como tal, pero parte de su montaje sí está enfocado al maquinismo y la diversión más sensorial. Esta gigantesca “maqueta” de una joven vestida con jersey rojo, vaqueros y botas de paseo mide un total de 38 metros de largo, ocho de ancho y siete de alto en su cota máxima. Su interior está horadado por un pasillo continuo que nos conduce por su cerebro, boca, estómago, intestino grueso, intestino delgado y útero. El objetivo de esta ruta es que niños y mayores conozcan de cerca algunos de los órganos vitales del ser humano, como ya hicieran los protagonistas de “Viaje alucinante al fondo de la mente” o los carismáticos personajes de “Érase una vez el cuerpo humano”.

El equipo de La Mujer Gigante ofrece algo muy distinto a la mera exposición divulgativa. Nada más llegar, todos aquellos que lo deseen pueden vestirse con las batas y gorros de color verde tan característicos del personal sanitario de un hospital. Incluso los guías y el personal de asesoramiento portan los batines blancos que los niños acostumbran a ver en las consultas. Tras uniformarse llega el momento del vídeo, una explicación animada de lo que vamos a ver a continuación. La proyección dura apenas unos minutos y culmina con el lavado masivo de bacterias al que se somete el grupo de espectadores.

Este primer efecto tiene su continuidad en el interior de una especie de fuselaje de avión convertido en descomunal anatomía. Como no queremos desvelar todos los secretos de la simulación, sólo diremos que atentos a las lenguas que se mueven, la saliva en forma de pompas de jabón, los húmedos estornudos o las contracciones repentinas del estómago. ¿Recuerdan el barco del Mississippi del Parque de Atracciones? Pues algo así se experimenta en este pequeño parque temático de la naturaleza humana.

La cabeza ofrece reproducciones detalladas de la parte interior de la mejilla, los dientes y encías, la lengua y sus papilas gustativas, las amígdalas, el paladar, las fosas nasales, los globos oculares, los nervios, el cerebro, el cerebelo y el bulbo raquídeo. La segunda unidad didáctica reside en la caja torácica, donde encontramos el aparato respiratorio (laringe, tráquea y bronquios; pulmones, bronquiolos y alvéolos pulmonares) y el aparato circulatorio, con sus venas y arterias en plena ebullición. La siguiente parada se efectúa en el estómago, con el cardias, los jugos gástricos, el píloro, el hígado, la vesícula biliar, el páncreas, el bazo y la columna vertebral.

¿Aún quieren más? Pues no dejen de disfrutar del abdomen y su compleja geografía anatómica: el píloro, los intestinos, las vellosidades intestinales, los riñones, los uréteres, la vejiga, la uretra y las glándulas suprarrenales. El útero, el saco amniótico y el cordón umbilical ponen punto y final a la inmersión científica.

Por desgracia, la brillantez del planteamiento pedagógico queda frustrado por la caótica información que recibe el visitante. Por una parte está escuchando en directo las explicaciones de una simpática guía que busca la empatía con los niños, mientras de fondo martillea un 'off' con la voz del actor José Carabias (“El monstruo de Sanchezstein”, ahora en el papel del Doctor Bueno). Este solapamiento de discursos termina por exasperar, ya que no hay manera de entender ninguno de los dos con un mínimo de comodidad.

A los niños poco parece importarles, encantados como están con esta pequeña e inusual aventura. Si los más bebés se asustan con la oscuridad, siempre existe la posibilidad de interrumpir la visita por alguna de las escaleras de salida de urgencia que pueblan el pasillo central. En cualquier caso sería una pena que lo hicieran, porque el atractivo estrella de La Mujer Gigante reside en su parte final, y más concretamente en el aparato reproductor de la protagonista.

En efecto, esta bella joven está embarazada de nueve meses menos un minuto y gracias a ello tenemos la oportunidad de ver un “auténtico” parto en directo. El bebé mueve sus ojos y piernas ante el regocijo de los presentes, para poco después salir del útero con una velocidad y facilidad que para sí quisieran muchas madres ya veteranas.

Al salir merece la pena volver a acercarse a la entrada del recinto, ya que desde el exterior se aprecia el movimiento de los ojos de esta Mujer Gigante que tantos sustos y sorpresas nos ha dado cuando hemos paseado por su interior.

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